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Cómo Marriott International interpreta el lujo en el Caribe y Latinoamérica
El lujo no es una categoría estática. Es una percepción que cambia según quién la vive, dónde la experimenta y qué recuerdos desea construir. En el Caribe y Latinoamérica, Luxury Group de Marriott International demuestra que el lujo no responde a una sola definición, sino a múltiples miradas que conviven bajo una misma promesa: el detalle como forma de hospitalidad.
Desde paraísos tropicales hasta capitales vibrantes y enclaves históricos, cada marca del portafolio construye su propia lectura de sofisticación.
En The Ritz-Carlton, el lujo se entiende como oficio. Hay una herencia que se preserva con disciplina: habitaciones concebidas como refugios privados, servicio anticipado y una elegancia que no necesita explicarse. Es una marca que dialoga con viajeros que valoran la historia, la eficiencia impecable y la discreción contemporánea. El verdadero diferencial no está en lo visible, sino en la sensación de cuidado absoluto.
Más íntima y contemplativa es la propuesta de Ritz-Carlton Reserve, donde el lujo se expresa en la privacidad y en la conexión profunda con el entorno. Son refugios apartados, diseñados para quienes buscan silencio, asombro y autenticidad. Aquí la experiencia no compite por atención; se revela lentamente, respetando la naturaleza y la cultura local.
En St. Regis, la historia no es narrativa, es estructura. Desde su origen en el Nueva York de John Jacob Astor, la marca entiende el lujo como ritual social: el Butler Service, el Bloody Mary reinterpretado en cada destino, el Afternoon Tea. Hay un glamour atemporal que conecta pasado y presente con naturalidad, ideal para quienes buscan sofisticación con memoria.
JW Marriott, en cambio, plantea una lectura más introspectiva. Su visión del lujo está vinculada al bienestar integral y a la presencia consciente. La naturaleza no es decorativa; es esencial. Jardines vivos, espacios de convivencia y experiencias diseñadas para restaurar mente y cuerpo convierten cada estancia en un acto de reconexión.
En el extremo más vibrante aparece W Hotels, donde el lujo se mueve al ritmo de la música, el diseño y la expresión individual. Es energía, creatividad y vida social. Aquí el hotel no es solo alojamiento, es escenario. Una marca que conecta con viajeros que celebran su identidad y entienden el lujo como extensión de su estilo de vida.
Con The Luxury Collection, la experiencia parte del lugar. Cada propiedad es independiente, muchas veces instalada en casonas, palacios o edificios históricos que definen el carácter del destino. No hay molde uniforme; hay narrativa local. El lujo aquí está en la autenticidad y en la posibilidad de habitar espacios que han contenido historia durante siglos.
Finalmente, EDITION ofrece una visión contemporánea y curatorial. Cada hotel es irrepetible, diseñado como una galería viva donde arte, gastronomía y entretenimiento dialogan con el contexto. No replica fórmulas; crea atmósferas. Es lujo emocional, urbano y profundamente personal.
En conjunto, Marriott International confirma que el lujo en el Caribe y Latinoamérica no es uniforme. Puede ser clásico o experimental, introspectivo o social, histórico o vanguardista. Lo que permanece constante es la precisión en el detalle, el respeto por el entorno y la capacidad de adaptarse al ritmo del viajero.
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