Colaboración especial
Conoce el castillo de Himeji, todo un símbolo del Japón feudal

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Cuando los samurái gobernaban Japón hubo un momento en que existieron más de 1,300 castillos feudales a lo largo del territorio japonés, pero la mayoría fue destruido en el período de estabilización y paz de Edo (1603-1868), dejando solo unos pocos de pie.
 
El castillo de Himeji es el más grande de todos, y también el mejor conservado, ya que en sus 500 años de vida nunca fue tomado por ningún enemigo y, por lo tanto, nunca fue destruido. El castillo de la garza -como también es conocido-, está ubicado en la prefectura de Hyogo, a 129 kilómetros al sur de Kioto. Se necesitan solo 45 minutos en tren bala para llegar, lo que lo convierte en una excursión que se puede hacer en un solo día.
 

 
¿Qué es lo que hace atractivo a Himeji por sobre otros castillos sobrevivientes de la época? Además de su tamaño, la fortaleza se distingue por haber tenido la infraestructura defensiva más vanguardista de su tiempo. Cerca de 17 torres de observación reconocían invasiones desde la distancia, y estar rodeado por dos estanques dificultaba el avance de cualquier tropa invasora.
 

 
Quizás una de las tretas más ingeniosas fue diseñar los pasillos que llevaban a las torres de forma que fueran estrechos y algunos llegaran a paredes sin salida. Es decir, el interior del castillo era un laberinto para el que no lo conocía, así que cualquier ejército invasor que pudiera traspasar las gruesas puertas de hierro exteriores tendría dificultad para encontrar los caminos mientras era rociado con flechas y balas desde los 3 mil orificios colocados en las paredes, que además tenían recubrimiento antiincendios. Para el año 1580 todo esto era alta tecnología de defensa.
 


 
Subir a la torre principal escuchando las leyendas del inmueble y disfrutar de la vista de la ciudad es solo la mitad del viaje, ya que a unos metros del castillo se encuentra Kokoen, un jardín estilo japonés con estanques y riachuelos dedicados a las flores, los pinos, el bambú y las hojas de té. Aquí encontraremos plantas autóctonas, carpas de colores y lugares de descanso. Un oasis perfecto para descansar después del paseo por el castillo. Incluso se puede tomar té verde matcha en un salón chashitsu con piso de tatami.
 

 
En los alrededores del castillo hay restaurantes típicos con capacidad para pocas mesas y una atmósfera local, lo que adereza perfectamente el viaje y complementa la experiencia.
 
Así que un día es suficiente para conocer Himeji y todavía tener tiempo para regresar a Osaka o Kioto a 285 km/hr en el tren bala. Una excursión completa y perfecta para descansar de las luces, los templos y santuarios, y conocer otro lado del pasado japonés.
 

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