Industria y Gobierno
La industria alza la voz: el Mundial en puerta y una operación que no puede improvisarse
El Mundial no solo llenará hoteles y aviones. Pondrá a prueba -como pocas veces- la capacidad de coordinación entre autoridades, prestadores de servicios y toda la cadena turística.
Y es justamente ahí donde las asociaciones y organismos del sector turístico decidieron encender las alertas, de manera conjunta y sin matices.
En el exhorto firmado por agrupaciones como AMAV-CDMX, AMTAVE, FEMATUR, GMA, CANACO, entre otras, dirigido a la titular de Sectur, Josefina Rodríguez Zamora; a la secretaria de Turismo de la Ciudad de México, Alejandra Frausto Guerrero; y al senador Eugenio Segura Vázquez, el mensaje es claro: el problema no es la demanda que viene, sino la forma en que hoy se está operando el turismo en México.
No es un señalamiento aislado ni una inconformidad menor. Es una postura colectiva de quienes están en la primera línea de la operación turística.
Lo que denuncian es la ausencia de diálogo previo a la toma de decisiones que afectan directamente el servicio. Autoridades que actúan por su cuenta, medidas que se implementan sin considerar la operación real del sector y disposiciones que, lejos de ordenar, están generando fricción en momentos clave de la experiencia del viajero.
Los ejemplos son concretos y acumulativos: restricciones al ascenso y descenso de pasajeros en zonas estratégicas como el Centro Histórico; cobros excesivos bajo el concepto de “derecho de piso” en terminales y aeropuertos; retiro de placas a unidades turísticas; y la prohibición o limitación del transporte mediante aplicaciones tecnológicas en aeropuertos.
Cada uno de estos puntos, por sí solo, ya representa un problema operativo. Pero lo que subrayan las asociaciones es el efecto conjunto: un sistema desarticulado.
Porque el turismo no funciona en compartimentos aislados. Funciona como una cadena continua donde cada eslabón depende del otro. Desde que el viajero aterriza hasta que se desplaza, se hospeda y consume experiencias, todo requiere sincronía.
Cuando esa sincronía se rompe —por decisiones unilaterales, por conflictos entre prestadores o por reglas que cambian sin aviso—, la experiencia se fragmenta.
Las asociaciones advierten que hoy el turista puede enfrentarse a un escenario confuso desde su llegada: opciones de transporte limitadas, tarifas elevadas, conflictos visibles entre operadores y una operación que no siempre responde a lo que previamente contrató.
Ese primer contacto, que debería ser eficiente y ordenado, se convierte en un punto de tensión.
Por eso el señalamiento no es menor: lo que está en riesgo no es la capacidad de atraer turistas —México ya la tiene—, sino la capacidad de gestionarlos correctamente en un momento de alta exposición global.
El Mundial, en este contexto, no es solo una oportunidad. Es una prueba de estrés.
Una prueba donde no bastará con tener infraestructura, conectividad o promoción. Lo que se pondrá a evaluación será la coordinación real entre autoridades y sector privado, la claridad de las reglas y la capacidad de garantizar una experiencia fluida en todos los puntos del recorrido.
De ahí que el exhorto insista en algo elemental, pero hoy ausente: diálogo y concertación antes de tomar decisiones.
Porque, como advierte el propio sector, si estas condiciones no se corrigen a tiempo, el reto no será recibir más turistas.
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