Industria y Gobierno
Top cinco en la mira… ¿con qué hub? El dilema estructural del turismo mexicano
México se consolida hoy como el país que más crece en turismo dentro de Norteamérica. No solo superó ya los niveles prepandemia de 2019, sino que mantiene una trayectoria de expansión sostenida. El sector aporta actualmente cerca del 15% del PIB nacional, con una contribución estimada en 281 mil millones de dólares y alrededor de 8 millones de empleos directos e indirectos. Así lo afirmó Gloria Guevara, presidenta y CEO del World Travel & Tourism Council (WTTC), durante su visita a México, donde presentó una radiografía del turismo global y delineó los ejes estratégicos que marcarán el posicionamiento del país en los próximos años.
Las cifras colocan al país en posición de liderazgo regional. Pero hay una pregunta estructural que comienza a ganar peso en el debate estratégico:
¿Puede México aspirar al top cinco mundial sin un verdadero hub aeroportuario de escala global?
La demanda turística internacional hacia México existe. La inversión hotelera continúa fluyendo. La presencia en mercados emisores se mantiene. El Mundial 2026 añadirá presión positiva. Sin embargo, la infraestructura aeroportuaria del Valle de México -con tres aeropuertos operando y una capacidad que no alcanza los 80 millones de pasajeros- enfrenta límites evidentes frente a la proyección de crecimiento de la próxima década.
El turismo global vive su mejor momento histórico y se espera que el flujo internacional pase de 1,500 millones de viajeros a 2,500 millones en la próxima década. México quiere capturar una parte mayor de ese crecimiento.
Pero para competir en esa liga se requiere conectividad masiva, eficiencia operativa y capacidad de expansión.
Hoy, el país crece… pero lo hace con una infraestructura que no fue diseñada para convertirse en hub global de largo alcance.
El efecto hub: lo que hacen las potencias turísticas
Las economías que han escalado posiciones en turismo comparten un patrón: invierten de manera agresiva en infraestructura aeroportuaria.
Estambul es un ejemplo paradigmático: aeropuerto construido en cuatro años bajo concesión privada, con capacidad inicial de 95 millones de pasajeros y potencial de expansión hasta 200 millones.
Dubái, Doha, Singapur y Seúl han hecho lo mismo: convertir su aeropuerto en puerta de entrada regional y plataforma de conexión intercontinental.
El resultado no es solo mayor tráfico aéreo. Es:
- Más rutas directas.
- Mayor captación de viajeros de larga distancia.
- Más inversión.
- Más eventos internacionales.
- Mayor competitividad global.
El hub no es un lujo. Es una herramienta de posicionamiento.
México: buena conectividad, pero sin escala global
México tiene conectividad sólida en destinos como Cancún, Guadalajara y Monterrey. Pero la capital del país -natural puerta de entrada cultural, económica y política- no opera con la escala de los grandes hubs mundiales.
Si el país aspira a escalar del top diez al top cinco mundial, la discusión sobre infraestructura no es opcional.
El Mundial 2026 evidenciará esta presión: mayor volumen de pasajeros, mayor exigencia logística y mayor visibilidad internacional.
La pregunta no es si México puede seguir creciendo. La pregunta es si puede hacerlo al ritmo que exige el mercado global sin una plataforma aeroportuaria que respalde esa ambición.
El modelo público-privado como punto de inflexión
La experiencia internacional demuestra que toda inversión en infraestructura genera crecimiento turístico.
Los modelos de concesión público-privada han permitido acelerar proyectos en Asia y Medio Oriente en tiempos récord.
México enfrenta una decisión de largo plazo: mantener un crecimiento administrado dentro de límites actuales o diseñar infraestructura que le permita capturar el siguiente salto de demanda global.
El turismo ya aporta 15% del PIB. Su peso económico justifica una visión estructural de conectividad. Crecer no es suficiente. Escalar es el reto.
México hoy demuestra resiliencia, atractivo y capacidad de recuperación.
Pero si la meta es consolidarse como potencia turística estructural, el debate aeroportuario no puede postergarse.
El país tiene producto, demanda, inversión y y tiene visibilidad internacional. Lo que falta es una infraestructura que esté a la altura de esa ambición.
Porque el top cinco mundial no se alcanza solo con cifras récord. Se alcanza con visión de largo plazo.
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