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Industria y Gobierno

Venezuela: del aislamiento turístico a una posible reapertura gradual

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Hablar hoy de Venezuela desde el turismo implica mirar hacia atrás para entender la dimensión de lo que se perdió y, al mismo tiempo, analizar con cautela los escenarios que podrían abrirse ante un cambio profundo en el contexto político, como sería la eventual captura o salida del poder de Nicolás Maduro.

Para la industria turística, el caso venezolano es un ejemplo claro de cómo la inestabilidad política y la percepción de riesgo terminan impactando de forma directa la conectividad aérea, la operación turística y la presencia de un destino en los mercados internacionales.

Cuando Venezuela salió del mapa aéreo

A partir de la segunda mitad de la década pasada, Venezuela comenzó a perder conectividad de manera sostenida. Aerolíneas internacionales fueron suspendiendo operaciones, entre ellas Avianca, una de las principales líneas que conectaba al país con hubs estratégicos de Sudamérica.

La salida de estas aerolíneas no solo redujo opciones de viaje, sino que:

  • Aisló al país de los grandes flujos turísticos
  • Incrementó costos y escalas para los pasajeros
  • Eliminó rutas clave para conexiones indirectas desde mercados como México

Para el turismo, la pérdida de vuelos significó mucho más que menos asientos: fue la señal más clara de un destino que dejaba de ser operable para el trade internacional.

México y la ruptura de la cadena turística

En paralelo, México emitió alertas de viaje recomendando extremar precauciones para quienes se desplazaran a Venezuela. Más allá del ámbito consular, estas alertas tuvieron un efecto inmediato en la industria:

  • Las agencias dejaron de promover el destino
  • Los operadores retiraron productos de sus catálogos
  • El viajero mexicano perdió confianza para considerar el país

El resultado fue un corte casi total del flujo turístico, incluso en segmentos que históricamente habían mostrado interés, como el turismo de naturaleza, el turismo de raíces o los viajes familiares.

Venezuela no perdió su potencial turístico. Lo que perdió fue:

  • Conectividad
  • Presencia en ferias internacionales
  • Inversión hotelera
  • Capacitación y operación turística continua

Destinos como Isla Margarita, Los Roques, Canaima o Mérida quedaron fuera del radar comercial, no por falta de atractivo, sino por falta de condiciones para venderlos con certidumbre.

Ante un escenario de cambio político profundo, como la captura de Maduro, la industria turística internacional —incluida la mexicana— no hablaría de un regreso inmediato, pero sí de una reapertura gradual.

Desde el enfoque técnico del turismo, los primeros movimientos podrían darse en:

  • Revisión de alertas de viaje
  • Evaluación de regreso de aerolíneas
  • Reactivación de rutas regionales
  • Interés exploratorio de agencias y operadores

El turismo, como siempre, llegaría después de las señales, no antes.

Para la industria turística, el caso Venezuela se analiza hoy con dos lentes:

Lo que se perdió: años fuera del mercado, sin conectividad ni producto vendible; Y lo que podría recuperarse: un destino con alto valor natural y cultural, si se consolidan condiciones de estabilidad

Cualquier reapertura implicaría prudencia, productos de nicho y una comunicación clara con el viajero.

La historia reciente demuestra que el turismo fue uno de los sectores más golpeados por el aislamiento venezolano. Pero también confirma algo clave: cuando un país comienza a reinsertarse en el mundo, el turismo es de los primeros sectores en reaccionar.

No como detonador, sino como confirmación de apertura, confianza y operación real.

En ese sentido, Venezuela vuelve a ser hoy un tema de análisis para la industria, no de venta inmediata, pero sí de observación estratégica.

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