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En el WTTC Global Summit en Malta
Promover destinos no basta: Trudeau cuestiona el respaldo político al turismo

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La Valeta, Malta.— Los gobiernos recomiendan sus ciudades, presumen sus paisajes e invitan a conocer sus regiones, pero ese entusiasmo no siempre se refleja en sus decisiones económicas. Justin Trudeau puso sobre la mesa una contradicción que pesa sobre la industria turística: los líderes políticos promueven sus destinos, mientras el sector sigue peleando por un lugar en los planes estratégicos y las inversiones públicas.

Durante una conversación con Gloria Guevara, presidenta y directora ejecutiva del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), en su Cumbre Mundial en Malta, el ex primer ministro canadiense señaló que el turismo suele recibir un trato distinto al de la manufactura o los recursos naturales. Para muchos gobiernos, explicó, es una actividad que simplemente ocurre, sin que parezca necesario construir una estrategia para sostenerla.

“El turismo a menudo se da por sentado”, afirmó.

La observación respondió a una inquietud planteada por Guevara: por qué una industria con un peso tan importante en la economía y el empleo mundial todavía tiene dificultades para conseguir el respaldo de los gobiernos.

Trudeau sostuvo que comunicar su aportación económica es indispensable para ganar atención política. Como ejemplo, mencionó que durante su administración nombró a un ministro de Turismo e impulsó inversiones en infraestructura y campañas internacionales para atraer visitantes.

Sin embargo, fue al describir sus encuentros con otros líderes cuando expuso con mayor claridad la distancia entre el discurso y las decisiones. Recordó que los gobernantes suelen preguntarle si visitó determinados lugares o insistir en que conozca sus provincias de origen, pero no necesariamente incorporan al turismo en sus planes económicos ni le asignan inversiones con la misma prioridad.

Guevara llevó esa contradicción al terreno que enfrenta la industria: impuestos, dificultades para atraer capital y políticas que no siempre acompañan el entusiasmo de los gobiernos por promocionar sus destinos.

La confianza también decide el viaje

El intercambio adquirió un tono más crítico al abordar la relación entre Canadá y Estados Unidos. Trudeau advirtió que la elección de un destino depende de mucho más que sus atractivos o sus tarifas: también importa cómo se siente el viajero antes de llegar y si percibe que será bienvenido.

A su juicio, el endurecimiento de los controles fronterizos, la preocupación por lo que puede ocurrir al ingresar a Estados Unidos y las expresiones de falta de respeto hacia Canadá han generado ansiedad entre ciudadanos acostumbrados a cruzar una frontera que durante generaciones facilitó relaciones familiares, personales y comerciales.

El efecto, sostuvo, se ha trasladado a las decisiones de viaje.

Según Trudeau, los viajes de canadienses a Estados Unidos han disminuido más de 20%. Añadió que algunos operadores, aerolíneas y hoteles estadounidenses han respondido con menores precios, pero eso no ha sido suficiente para convencer a quienes prefieren dirigirse a otros destinos.

Su explicación apuntó a una pérdida de confianza que las promociones comerciales difícilmente pueden resolver por sí solas. No se trata, señaló, de que los canadienses hayan dejado de apreciar a los estadounidenses, sino de cómo el conflicto político influye en su disposición a visitar el país.

Guevara introdujo un matiz: una vez en Estados Unidos, los visitantes pueden encontrar una experiencia positiva y sentirse bien recibidos. Preguntó entonces cómo reconstruir esa relación y evitar que las tensiones entre gobiernos sigan afectando a empresas y trabajadores del turismo.

Trudeau respondió que los líderes deben reconocer las consecuencias de sus mensajes. Recordó que Canadá no necesitó imponer restricciones a sus ciudadanos para que estos cambiaran sus planes: fueron los propios viajeros quienes decidieron buscar alternativas.

“Si quieren atraer los ingresos del turismo, tienen que mostrarse abiertos al mundo”, sostuvo.

México: el turismo como puente diplomático

La conversación también recuperó la eliminación de las restricciones de visa para mexicanos durante su gobierno, una decisión que Trudeau vinculó con la reconstrucción de la relación bilateral.

Explicó que, al asumir el cargo, quiso resolver las tensiones que ese requisito había provocado entre ambos países. El trabajo con el gobierno mexicano permitió abordar los problemas que habían originado la medida y levantar las restricciones en aquel momento.

Más allá de facilitar los viajes, afirmó, ese proceso creó una relación de confianza que resultó útil años después, durante la compleja renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

El caso ilustró una de las ideas centrales de su participación: las decisiones que facilitan el turismo también pueden abrir canales de cooperación política y económica.

Trudeau defendió, además, el valor del sector frente a las tendencias que alientan a las sociedades a encerrarse, desconfiar del exterior y mirar únicamente hacia dentro. Recibir visitantes y conocer personas diferentes, dijo, ayuda a desarrollar curiosidad, empatía y vínculos entre países.

También destacó su papel en la formación de jóvenes. A partir de sus propios trabajos como guía de rafting, empleado de restaurante y portero de una discoteca, sostuvo que el contacto con el público enseña a resolver conflictos, comprender a otras personas y desenvolverse en situaciones diversas.

La relación humana sigue siendo un activo

Ante los líderes empresariales reunidos en Malta, Trudeau insistió en que la confianza personal puede ser tan decisiva como un acuerdo comercial. Su recomendación fue construir relaciones más allá del propio negocio y buscar conexiones entre hoteles, aerolíneas y otros actores de la industria.

“No hay sustituto para conocer a alguien en persona”, afirmó al referirse al avance de la inteligencia artificial, la tecnología y las experiencias virtuales.

Desde su perspectiva, buena parte del valor de una cumbre está en las conversaciones que ocurren fuera del escenario: durante un desayuno, en una fila o alrededor de una mesa. Es ahí donde pueden surgir alianzas y complementariedades que difícilmente se construyen únicamente a distancia.

La reflexión también alcanzó su propia gestión. Trudeau defendió que un gobernante debe utilizar su popularidad para tomar decisiones difíciles y producir resultados duraderos, aunque ello implique perder aprobación. Al revisar la pandemia, reconoció que su enojo frente a la desinformación y los movimientos antivacunas contribuyó a generar divisiones con efectos políticos de largo plazo.

Esa autocrítica conectó con su advertencia a la industria: construir puentes exige cuidar tanto las políticas como las palabras. Un destino puede invertir en promoción, mejorar su oferta y reducir precios; si el viajero percibe rechazo o incertidumbre, puede terminar llevando su gasto a otro país.

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