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Turitur y Rehilete lo hacen posible
Las hadas del bosque vuelven a iluminar Tlaxcala

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Inicia la temporada 2026 de luciérnagas en Nanacamilpa, uno de los espectáculos naturales más sorprendentes de México. Turitour y Rehiletes proponen una experiencia que combina historia, gastronomía y cultura en Tlaxco antes de adentrarse al bosque donde la naturaleza ofrece un espectáculo irrepetible

La temporada de luciérnagas 2026 ya comenzó y, con ella, uno de los espectáculos naturales más esperados del verano en México. Durante poco más de un mes, los bosques de Nanacamilpa, Tlaxcala, volverán a convertirse en el escenario donde miles de diminutos destellos iluminan la oscuridad en un fenómeno de bioluminiscencia que año con año atrae a viajeros nacionales y extranjeros.

Pero llegar hasta ese momento tiene un propósito mayor.

Con esa visión, Turitour, la marca de recorridos turísticos de un día de Turibus, y la agencia de experiencias Rehiletes diseñaron el Tour de Luciérnagas y Tlaxco 2026, una ruta que busca que el visitante descubra primero la riqueza histórica, artesanal y gastronómica de Tlaxco antes de internarse en el bosque para presenciar uno de los fenómenos naturales más fascinantes del país.

Lejos de ser únicamente un traslado hacia el santuario, el recorrido se convierte en una inmersión por la esencia de Tlaxcala, permitiendo al viajero conocer a sus artesanos, cocineras tradicionales, productores locales y guías certificados que han hecho del turismo una herramienta para preservar su patrimonio.

La primera parada es Tlaxco, uno de los tres Pueblos Mágicos del estado, donde cada calle parece guardar una historia y donde el tiempo transcurre con un ritmo muy distinto al de las grandes ciudades.

Ahí recibe al grupo Germán González, guía certificado por la NOM, operador turístico y propietario del restaurante La Casona de Don Agustín, quien de inmediato rompe con la idea de que Tlaxco es únicamente la antesala del Santuario de las Luciérnagas.

“Nos daría mucho gusto que visitaran Tlaxco porque tenemos tres atractivos turísticos que no existen en otra parte del mundo. Uno de ellos es la imagen de La Patria de los libros de texto gratuitos, que todos conocemos y que fue pintada en 1962 por Jorge González Camarena utilizando como modelo a una mujer originaria de este lugar. Se calcula que existen más de 523 millones de copias de esa obra. Otro atractivo es la Barca de la Fe, un templo católico único en el mundo que representa el sincretismo religioso y que es una réplica de la carabela Santa María, pero tres veces más grande. Y el tercero es el Museo de la Madera de Don Miguel Ángel Márquez, donde se conserva la forma en que se trabajaba este material antes de que existiera la electricidad”.

Precisamente hacia este último sitio se dirige el recorrido.

El Museo de la Madera no es un recinto convencional. Es un taller vivo donde cuatro generaciones han mantenido vigente el oficio de la carpintería artesanal. Entre bancos de trabajo, herramientas antiguas y el inconfundible aroma de la madera recién cortada, los visitantes descubren cómo se fabricaban puertas, muebles y juguetes utilizando únicamente herramientas manuales.

Durante la visita conocen también parte de la historia del taller, cuyo predio fue testigo del paso de Porfirio Díaz en 1894 durante la inauguración del Palacio Municipal de Tlaxco. Ahí observan cómo en apenas unos segundos nace un trompo de madera en un torno tradicional y descubren piezas que se han convertido en verdaderos íconos del lugar, como una maqueta de títeres con movimiento, un enorme juguetero en forma de trompo y el célebre “Tlaxcomóvil”, un Volkswagen Sedán que desde 2010 sustituyó completamente su carrocería metálica por una elaborada en madera.

La ruta continúa por el Mercado de Artesanías, donde textiles, alfarería, metalurgia, pintura y trabajos de carpintería muestran el talento de los productores locales, quienes mantienen vivas técnicas heredadas de generación en generación.

Muy cerca de ahí, el Palacio Municipal ofrece otra mirada sobre la historia de Tlaxco. En sus salas se revive la vida de Victoria Dorantes Sosa, la mujer indígena originaria de este municipio que inspiró la pintura La Patria, una de las imágenes más representativas de la educación pública en México y que acompañó durante décadas los libros de texto gratuitos de la SEP.

La siguiente escala cambia completamente de escenario, pero mantiene el mismo propósito: descubrir los sabores que forman parte de la identidad del pueblo.

En la tradicional Panadería San Francisco, los visitantes prueban uno de los productos más representativos de Tlaxco: el pan artesanal relleno de queso y requesón, elaborado con recetas familiares que han pasado de una generación a otra y cuyo sabor se ha convertido en una parada obligada para quienes visitan el destino.

Más adelante, la Parroquia de San Agustín se levanta imponente en el corazón del Pueblo Mágico. Construida entre los siglos XVII y XVIII, conserva un extraordinario estilo barroco, retablos tallados en madera y recubiertos con hoja de oro, además de una historia que remite a los llamados Tres Niños Mártires de Tlaxcala, considerados los primeros laicos martirizados en América.

La experiencia continúa en uno de los lugares favoritos del recorrido: el taller de quesos La Vaquita, donde Pablo Albuquerque recibe personalmente a los visitantes para compartir el proceso de elaboración de algunos de los quesos más representativos de la región.

Con la sencillez de quien disfruta su oficio, explica cada etapa de la producción mientras ofrece degustaciones de queso Oaxaca, manchego, provolone, asadero, variedades con chile serrano, chiltepín e incluso algunas armonizadas con vino, permitiendo que el visitante descubra por qué Tlaxco es reconocido como una de las principales regiones productoras de lácteos del país.

Antes de continuar hacia Nanacamilpa llega el momento de sentarse a la mesa.

En La Casona de Don Agustín espera un buffet de cocina tradicional tlaxcalteca donde desfilan el mole de fiesta, arroz, chicharrón en salsa, longaniza con papas, verduras hervidas y otros platillos preparados por la familia de Germán González.

Más que una comida, el momento se convierte en una muestra de la hospitalidad que distingue a la región.

“Mientras ustedes sigan comiendo, nosotros seguimos sirviendo”, dice entre sonrisas Germán González, una frase que resume la forma en que las familias tlaxcaltecas reciben a quienes llegan a conocer su tierra.

Pero el viaje aún guarda su momento más esperado.

Conforme avanza la tarde, los campos agrícolas comienzan a transformarse en un paisaje dominado por pinos y oyameles. La temperatura desciende, aparecen las primeras nubes bajas y el ambiente anuncia que la siguiente parada será muy distinta a todo lo vivido durante el día.

Es momento de dirigirse hacia Nanacamilpa, donde el bosque está a punto de encenderse.

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