Opinión
Colaboración especial
Turismo regenerativo: cuando viajar debe dejar algo más que derrama económica
Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a la presentación del libro Desarrollo Regenerativo Aplicado al Turismo, organizada por la Universidad para la Cooperación Internacional y la Fundación REimagine de Costa Rica. La obra, escrita por el ingeniero Mario Socatelli, uno de los mayores impulsores de la sostenibilidad turística en América Latina, plantea una pregunta que hoy resulta más vigente que nunca: ¿realmente el turismo está beneficiando a los territorios que visita?
Durante décadas, gobiernos, empresarios y organismos internacionales nos han repetido que el turismo es la llamada “industria sin chimeneas”. Sin embargo, en muchos destinos esa definición empieza a quedarse corta. La actividad turística genera empleo, atrae inversiones y dinamiza economías, sí, pero también puede provocar sobreexplotación de recursos, gentrificación, pérdida de identidad cultural y comunidades cada vez más alejadas de los beneficios que produce la llegada de visitantes.
Ahí es donde el turismo regenerativo cobra relevancia.
A diferencia de la sostenibilidad, que busca reducir impactos negativos, la regeneración propone algo mucho más ambicioso: que la actividad turística contribuya activamente a mejorar los ecosistemas, fortalecer las culturas locales y generar prosperidad para quienes habitan los destinos.
Como señala Socatelli en su libro, el turismo solo se convierte en un verdadero agente de transformación cuando es capaz de devolver más de lo que toma.
La reflexión resulta particularmente pertinente para México. Mientras algunos destinos enfrentan problemas derivados de la masificación turística, cientos de comunidades rurales continúan esperando que el turismo se convierta en una herramienta real de desarrollo y no únicamente en una promesa recurrente de los discursos oficiales.
Nuestro país posee una riqueza natural, cultural y gastronómica extraordinaria. Sin embargo, gran parte de esa riqueza sigue sin traducirse en bienestar para quienes la preservan. Comunidades indígenas, productores locales, artesanos, cocineras tradicionales y pequeños emprendedores son quienes mantienen viva la esencia de muchos destinos, pero no siempre participan de manera equitativa en la cadena de valor turística.
El turismo regenerativo plantea precisamente corregir esa ecuación.
No se trata únicamente de llevar visitantes a zonas rurales. Se trata de construir experiencias donde las comunidades sean protagonistas, donde el dinero permanezca en el territorio y donde la actividad turística contribuya a conservar aquello que la hace posible.
Porque si el turismo presume ser una herramienta de desarrollo, es momento de preguntarnos desarrollo para quién.
Quizá el verdadero éxito de un destino ya no debería medirse solo por el número de turistas que recibe o por la ocupación hotelera que registra, sino por la calidad de vida que genera para sus habitantes.
En una industria obsesionada durante años con el crecimiento, tal vez ha llegado el momento de hablar más de legado que de cifras.
Y ahí está el verdadero desafío: dejar de contar visitantes y empezar a contar beneficios.
CON MIS SALUDOS DE SIEMPRE






