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Opinión

Colaboración especial
Cuando los costos se elevan, volar deja de ser accesible y atractivo

Publicado

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Mario López Sánchez

Como agente de viajes, considero que hablar de aviación en México también implica hablar de la economía de miles de pasajeros. En los últimos años hemos visto cambios importantes en la manera de comprar y vender boletos de avión, pero también en los factores que determinan la elección de un vuelo.

El viajero actual compara precios, horarios, equipaje, conexiones, servicios y condiciones antes de tomar una decisión. Por eso, cuando las tarifas aumentan considerablemente, su primera reacción suele ser buscar alternativas.

Esto no significa necesariamente que siempre quiera comprar el boleto más barato. Lo que busca es encontrar un precio justo y congruente con lo que recibe a cambio.

Una tarifa elevada puede ser aceptada cuando ofrece horarios convenientes, buena conectividad y servicios que representan un verdadero beneficio. El problema surge cuando el pasajero percibe que está pagando más sin encontrar una diferencia clara frente a otras opciones disponibles.

Desde las agencias de viajes observamos todos los días cómo el precio puede modificar una decisión de compra. Lo vemos en el viajero individual, pero el impacto resulta todavía mayor cuando se trata de familias o grupos.

Una familia debe multiplicar la tarifa por cada uno de sus integrantes y sumar los costos de equipaje, selección de asientos y otros servicios adicionales. En estos casos, una diferencia de unos cuantos cientos de pesos por boleto puede convertirse en una cantidad considerable dentro del presupuesto total del viaje.

Las aerolíneas mexicanas enfrentan, por ello, el reto de encontrar un equilibrio entre rentabilidad y accesibilidad. Necesitan sostener rutas, frecuencias, empleos, estándares de seguridad y calidad en el servicio; sin embargo, el pasajero también forma parte de esta ecuación y hoy tiene alternativas cada vez más visibles.

La competencia debe beneficiar principalmente al viajero. Una industria aérea saludable requiere empresas financieramente sólidas, pero también necesita pasajeros con la capacidad económica para utilizar el transporte aéreo con mayor frecuencia.

Desde mi punto de vista, el precio siempre debe estar acompañado de valor y transparencia. El pasajero necesita saber con claridad cuánto está pagando, qué incluye su tarifa y qué recibirá a cambio de su boleto.

La aviación no puede convertirse únicamente en una competencia por publicar la tarifa más baja. Tampoco puede perder de vista que detrás de cada boleto existe una persona, una familia o una empresa que necesita trasladarse por motivos de descanso, trabajo, salud, estudios o negocios.

Como agentes de viajes, tenemos la responsabilidad de orientar al pasajero, explicarle las condiciones de cada tarifa y ayudarlo a encontrar la alternativa que mejor responda a sus necesidades y posibilidades.

Como empresarios del turismo, también debemos seguir impulsando una aviación competitiva, transparente y accesible, capaz de generar confianza y de mantener conectadas a las distintas regiones del país.

Porque cuando viajar en avión está al alcance de más personas, también crecen el turismo, los negocios y las oportunidades para México.

Con mis saludos de siempre.

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