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Protagonista de la Semana

Entrevista Edgar Castellanos
Viajes de Gala: 50 años donde el legado se honra… trabajando

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Cincuenta años pueden contarse en números.O pueden sentirse en historias. En Viajes de Gala, se viven en ambas. Medio siglo después de su fundación, la empresa no solo celebra permanencia en una de las industrias más cambiantes; celebra algo más complejo de sostener: una identidad construida desde la familia, la ética y una forma de hacer turismo que ha resistido generaciones, crisis y transformaciones.

Hoy, al frente está Edgar Castellanos. Pero esta no es una historia individual. Es la continuidad de un proyecto familiar donde la memoria y la presencia conviven todos los días.
“Lo que defendemos no es solo un negocio, es una forma de hacer las cosas”, resume.

El legado: lo que permanece cuando todo cambia
En Viajes de Gala, el tiempo no borra; construye. La figura de su padre Carlos Castellanos -hoy ausente- sigue marcando el rumbo. No desde la nostalgia, sino desde los principios que dejó sembrados en la empresa y en la industria.
“Mi papá siempre peleó porque las cosas se hicieran bien, no por beneficio propio, sino por el gremio”, recuerda Edgar.
Ese sentido de comunidad, de responsabilidad compartida, es uno de los valores que hoy busca mantener en un entorno distinto, más competitivo, más individual.

Pero si hay algo que define esta nueva etapa, es que el legado no se sostiene solo.Se acompaña.

Presencia, carácter y continuidad

En el día a día de la empresa hay una figura clave que no solo permanece, sino que impulsa: su madre, Barbara Castellanos.

Activa, vigente y con una trayectoria propia dentro de la industria turística, lejos de ser solo parte de la historia, es parte del presente.
“Ella tiene su propio camino, sus propios reconocimientos y sigue tomando decisiones. No vive a la sombra de nadie”, afirma.
Trabajar juntos no significa comodidad. Significa contraste, discusión, visión compartida.
“Nos cuestionamos, debatimos, vemos qué es lo mejor para la empresa… y eso es lo que nos mantiene en movimiento”, dice.

En Viajes de Gala, la familia no es un discurso. Es estructura, es carácter, es dirección.

Tomar el control en el momento más difícil

Asumir la dirección de la empresa no fue un proceso planeado. Fue una transición obligada, marcada por la enfermedad y el fallecimiento de su padre, en un momento en el que la vida personal también exigía respuestas.
“Tenía que ver temas legales, cuidar al equipo, sostener la operación… no había opción de detenerse”, recuerda.
Fueron años de aprendizaje acelerado, de decisiones complejas y de un reto constante: mantener el ritmo sin perder la esencia.

Evolucionar sin romper
Uno de los cambios más significativos en esta nueva etapa ha sido la transformación operativa.
Viajes de Gala pasó de procesos tradicionales a una estructura más integrada, apoyada en tecnología y sistemas que permiten escalar el negocio.
“Veníamos de un modelo más artesanal que funcionaba, pero que no permitía crecer. El cambio fue sistematizar la operación”, explica.
Ese paso no solo implicó herramientas, sino una nueva mentalidad dentro del equipo. De hacer las cosas como siempre… a hacerlas mejor.

Un negocio global con alma local

Hoy, la empresa opera entre México y Europa, con presencia en España y una estructura que le permite trabajar prácticamente sin pausas.
“Lo que se avanza en Europa en la mañana, se continúa en México por la tarde. Eso nos hizo más eficientes”, señala.
Sin embargo, en medio de la expansión, hay una convicción que no cambia: “El negocio está en el servicio. Las herramientas cambian, pero el trato no”.
Y es ahí donde México -y Viajes de Gala- encuentra su mayor fortaleza.

Dos caminos, una misma esencia
La empresa mantiene dos grandes líneas: la operación mayorista, con fuerte posicionamiento en el mercado nacional -especialmente en esquí-, y el negocio receptivo, que conecta a México con el mundo.
Dos formas de operar, dos lenguajes distintos, pero una misma base.
“El producto no cambia tanto. Lo que cambia es cómo lo entiendes y cómo lo vendes”, explica.

La industria que se transforma… y lo que no debería perder
En medio de los cambios -tecnológicos, comerciales, generacionales- hay algo que Edgar observa con claridad: la pérdida de la vocación de gremio.
Esa que marcó a generaciones anteriores y que hoy se diluye ante la presión del entorno.
“Antes era más natural pensar en el beneficio común. Hoy es más difícil, pero sigue siendo necesario”, reconoce.

50 años que no miran hacia atrás
Para Viajes de Gala, el aniversario no es un punto de pausa. Es una declaración de continuidad.
“Decidimos celebrar haciendo lo que mejor sabemos hacer. No queremos quedarnos en la nostalgia”, afirma.

La agenda del año lo confirma: presencia internacional, desarrollo de nuevos productos, fortalecimiento de relaciones y una estrategia enfocada en seguir creciendo.

El mayor riesgo: creer que ya está hecho
En una empresa con historia, el peligro no es el cambio. Es la complacencia.
“Confiarte en el nombre sería el mayor error. Esto se construye todos los días”, dice. Por eso, su enfoque es claro: mantenerse presente, involucrado y en constante evolución.
Lo que viene: seguir, resistir, evolucionar
Cuando se le pregunta por el futuro, la respuesta no busca impresionar. Busca ser honesta. “Primero seguir aquí. Después, seguir haciendo bien las cosas”. Porque al final, Viajes de Gala no se define solo por sus 50 años. Se define por cómo ha llegado a ellos.
Con una madre que sigue guiando. Con un padre cuya memoria sigue marcando el camino. Y con una nueva generación que entendió que crecer no es cambiar de esencia… es sostenerla.

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