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Oaxaca: un mes para celebrar la cultura, el mezcal y la identidad de México

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La Guelaguetza terminó. También están por concluir la Feria Internacional del Mezcal y las decenas de actividades que durante julio transformaron a Oaxaca en una gran celebración de su cultura. Pero quien tuvo la oportunidad de vivir esta temporada entiende que no se trata únicamente de una fiesta folclórica, sino de una experiencia donde convergen historia, gastronomía, música, tradición y turismo.

Durante prácticamente todo el mes, la capital oaxaqueña se llena de calendas, conciertos, exposiciones, muestras artesanales, ferias gastronómicas y encuentros culturales que encuentran su punto culminante en los tradicionales Lunes del Cerro, celebrados los días 20 y 27 de julio, cada uno con funciones matutina y vespertina en el Auditorio Guelaguetza.

Pasillo Turístico asistió a la función matutina del 20 de julio, una de las cuatro presentaciones que cada año reúnen a miles de espectadores para presenciar el encuentro de las ocho regiones del estado en el escenario más emblemático de Oaxaca.

Desde muy temprano el Centro Histórico adquiere un ritmo distinto. Las calles se llenan de mujeres con huipiles bordados, hombres con sombreros de palma, músicos, artesanos y visitantes que avanzan hacia el Cerro del Fortín, donde la palabra Guelaguetza, que en zapoteco significa compartir, cobra verdadero sentido.

Durante varias horas desfilan delegaciones provenientes de las distintas regiones del estado con sus danzas, sones, jarabes y tradiciones. Entre las presentaciones más esperadas destacó, una vez más, la Flor de Piña, de San Juan Bautista Tuxtepec, cuya energía terminó por arrancar una ovación de pie.

Pero quizá uno de los momentos que mejor resume el espíritu de la fiesta ocurre cuando los participantes lanzan al público frutas, pan, dulces, sombreros y pequeños obsequios.

No es un acto preparado para el espectáculo. Es una costumbre que simboliza precisamente aquello que da nombre a la celebración: compartir.

Durante la inauguración de esta edición, la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, recordó que la Guelaguetza representa la máxima expresión cultural de los 16 pueblos originarios y del pueblo afromexicano de Oaxaca, además de ser uno de los mayores símbolos de la identidad mexicana.

El gobernador Salomón Jara Cruz destacó, por su parte, que esta festividad mantiene viva la esencia de un estado orgulloso de sus raíces y se ha consolidado como uno de los principales motores del turismo cultural del país.

Las cifras respaldan esa afirmación. Para la edición 2026 se estimó la llegada de 149 mil visitantes, una derrama económica superior a 668 millones de pesos y una ocupación hotelera cercana al 83 por ciento, reflejo del impacto que la celebración tiene para la economía local.

El otro gran protagonista: el mezcal

Si el Cerro del Fortín concentra la esencia de la Guelaguetza, el Centro Cultural y de Convenciones reúne otra de las grandes expresiones de Oaxaca: el mezcal.

La Feria Internacional del Mezcal, que permanecerá abierta hasta el 28 de julio, se ha convertido en uno de los principales atractivos de la temporada y en un punto de encuentro entre productores, artesanos, cocineras tradicionales y visitantes.

El recorrido comienza entre aromas de agave cocido, café, chocolate, pan recién horneado y moles. Cada pabellón ofrece algo distinto, pero hay un elemento común: detrás de cada botella existe una historia.

Los maestros mezcaleros explican con orgullo el origen del agave, los años que tarda en madurar -desde ocho hasta más de veinte, según la variedad- y el proceso artesanal que convierte cada destilado en una expresión única del territorio.

Aquí se entiende por qué en Oaxaca dicen que el mezcal no se bebe: se besa.

La feria reúne además textiles, barro negro, alebrijes, joyería, cerveza artesanal, café y una extensa muestra gastronómica que convierte la visita en un recorrido por las distintas regiones del estado.

En esta edición participan más de 400 expositores, entre ellos más de un centenar de productores de mezcal, además de artesanos, agroindustriales y cocineras tradicionales que, durante doce días, protagonizan más de un centenar de actividades culturales y artísticas.

Una cocina que también cuenta historias

La riqueza cultural de Oaxaca también se descubre alrededor de la mesa.

En pleno Centro Histórico, La Frijolería Naa Bu Lu propone un recorrido gastronómico donde el protagonista absoluto es uno de los ingredientes más importantes de la cocina mexicana: el frijol.

Más que un restaurante, es un espacio dedicado a preservar recetas tradicionales y explicar el papel que esta leguminosa ha desempeñado durante siglos en la alimentación de los pueblos originarios.

Durante la visita, Analine Martínez compartió la historia de variedades poco conocidas fuera de Oaxaca y de platillos como los Frijoles Difunto, preparados con frijoles refritos y chicharrón, una receta ligada a la tradición de ofrecer alimento a quienes acompañan a las familias durante los velorios.

Las paredes del lugar completan la experiencia con fotografías históricas, referencias al maestro Francisco Toledo y escenas que forman parte de la memoria reciente del estado.

Mucho más que una celebración

La Guelaguetza concluyó, pero Oaxaca continúa demostrando que su principal fortaleza turística no radica únicamente en sus monumentos o paisajes, sino en la autenticidad con la que conserva sus tradiciones.

Durante unas semanas, el estado abre sus puertas para compartir su música, su cocina, sus artesanías, sus bebidas y su identidad.

Y quizá esa sea la mayor virtud de esta celebración: recordar que la cultura no se exhibe; se vive. Y en Oaxaca, afortunadamente, sigue compartiéndose con la misma generosidad que le dio nombre hace siglos.

 

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