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Aerolíneas y Transporte

Rail Europe revela cuatro rutas para descubrir la Suiza menos conocida

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Palmeras frente a montañas nevadas, pueblos de habla italiana, viñedos, castillos medievales, quesos, chocolate y estaciones ferroviarias a las que únicamente se puede llegar en tren o a pie forman parte de cuatro itinerarios propuestos por Rail Europe y Swiss Travel System para recorrer Suiza durante el otoño y el invierno.

Las rutas fueron diseñadas a partir de las recomendaciones personales de cuatro especialistas estrechamente vinculados con el país: Björn Bender, CEO de Rail Europe y residente de Berna; Thomas Hoffmann, experto de Swiss Travel System; Ilgün Ilgün, director de Tecnología de Rail Europe, y Nicky Gardner y Susanne Kries, autoras de Europe by Rail.

Como parte de la más reciente edición de la campaña Swiss Bliss, los participantes compartieron los recorridos que recomendarían a un amigo, con lugares que conocen, disfrutan y visitarían nuevamente. Las propuestas se alejan de los circuitos convencionales y ponen el acento en saber dónde detenerse, bajar del tren o hacer un desvío.

El primer itinerario combina Berna, el lago de Ginebra y el valle de Lötschental. La travesía comienza con un recorrido de Berna a Montreux, desde donde es posible caminar hacia Clarens o el castillo de Chillon, antes de continuar a Lausana para explorar sus calles empinadas, cafés de barrio y vistas hacia Francia.

La ruta también permite visitar los viñedos de Lavaux y, al día siguiente, trasladarse hacia Goppenstein. Desde ese punto, un autobús postal atraviesa Lötschental hasta Wiler, donde un teleférico asciende a Lauchernalp, ubicado a casi dos mil metros de altitud.

Durante el otoño, los viñedos cambian de color y los valles recuperan la tranquilidad, mientras que en invierno el recorrido permite pasar, en pocos días, de las ciudades situadas junto al lago a los pueblos de montaña cubiertos de nieve.

La segunda propuesta descubre la Suiza de habla italiana a través de Locarno, Ascona y los valles del Tesino. El viaje comienza en Zúrich y avanza por la ruta del Gotardo, donde el paisaje se transforma paulatinamente para dar paso a casas de piedra, plazas, palmeras y poblaciones en las que predomina el italiano.

Locarno sirve como punto de partida para visitar Ascona, a orillas del lago, o recorrer a pie o en bicicleta el valle de Maggia, desde Ponte Brolla. El ferrocarril de Centovalli atraviesa barrancos, bosques de castaños y puentes de piedra hasta llegar a Intragna.

El itinerario incluye Bellinzona, ciudad conocida por sus tres castillos medievales. En otoño, la región ofrece temperaturas templadas y bosques de castaños que cambian de tonalidad; durante el invierno, las palmeras contrastan con las montañas cubiertas de nieve.

La tercera ruta propone conocer Suiza a través de sus sabores, con un recorrido entre Basilea, Vevey, Montreux, Gruyères y Broc. Desde Basilea, el tren se dirige hacia Vevey y la región vinícola del lago de Ginebra, para después continuar bordeando el lago hasta Montreux.

Más adelante aparece Gruyères, donde su emblemático queso se vincula con las granjas lecheras y las tradiciones de los alrededores. Broc incorpora el chocolate al recorrido, mientras que pequeñas panaderías y productores independientes ofrecen otras especialidades, entre ellas panettones elaborados en territorio suizo.

El viaje permite seguir el proceso que va del viñedo a la copa, de los pastizales al queso y del cacao al chocolate. El otoño coincide con la temporada de cosecha, mientras que el invierno convierte a la gastronomía en una razón adicional para bajar del tren y explorar cada localidad.

El cuarto recorrido permite observar desde la ventanilla cómo cambian los idiomas, las culturas y los paisajes del país. La ruta comienza en St. Gallen, cuyo distrito abacial está reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO, y continúa por un casco antiguo distinguido por sus 111 miradores decorados.

El ferrocarril sigue el valle del Rin hasta Landquart antes de internarse en los Alpes. Al llegar a Zernez, puerta de entrada al Parque Nacional Suizo, el romanche comienza a aparecer junto al alemán y el paisaje de la Engadina domina el trayecto.

Desde ahí, un autobús postal lleva a Val Müstair, donde se encuentra el convento de San Juan, construido en el siglo VIII y reconocido por la UNESCO, así como sus frescos de la Alta Edad Media.

El viaje continúa en tren por Pontresina hasta Alp Grüm, una estación situada a dos mil 91 metros de altitud frente al glaciar Palü. No existe carretera para llegar a este sitio, por lo que el acceso únicamente puede realizarse en tren o a pie.

Desde Alp Grüm, la línea Bernina desciende hacia Italia. El paisaje alpino da paso a bosques y poblaciones antes de llegar a Tirano, donde se encuentra la basílica de la Madonna di Tirano.

Durante el otoño, los alerces de la Engadina adquieren tonalidades doradas. En invierno, el paisaje se vuelve casi monocromático en las zonas más altas y se transforma nuevamente durante el descenso hacia territorio italiano.

Cada recomendación fue convertida en una postal ilustrada a mano y enviada a un creador de contenido de viajes, quien recorrió y compartió el itinerario. Los viajeros pueden replicar las rutas mediante el Swiss Travel Pass, boletos de punto a punto, pases regionales o excursiones de montaña.

Rail Europe ofrece acceso a los servicios de alrededor de 250 operadores ferroviarios y comercializa cerca de cinco millones de boletos de tren europeos al año. Su plataforma trabaja con más de 25 mil socios de la industria turística en más de 70 países.

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