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La Catrina cruza la frontera para conquistar Oakland

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Con más de 10 metros de altura, una tonelada y media de peso y los brazos extendidos para dar la bienvenida, la pieza viajará desde el Estado de México hasta Fruitvale District, donde se convertirá en un nuevo símbolo de identidad, memoria y orgullo latino

A los más de 80 mil mexicanos y 126 mil latinos que viven en Oakland, California, pronto se sumará una nueva residente. Será imposible no verla: medirá más de 10 metros de altura, pesará una tonelada y media, vestirá de negro y permanecerá con los brazos extendidos para recibir a quienes lleguen a uno de los barrios con mayor identidad mexicana de la ciudad.

Es La Catrina, el personaje creado en 1912 por el grabador José Guadalupe Posada e inmortalizado décadas después por Diego Rivera en el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, que en esta ocasión cruzará la frontera convertida en una monumental embajadora de la cultura mexicana.

La escultura, elaborada por artistas de Tultepec, Estado de México, será instalada en la plaza principal de Fruitvale District y, de acuerdo con sus promotores, se convertirá en la Catrina más alta de Estados Unidos.

Su presencia no será solamente ornamental. La pieza busca rendir homenaje a las generaciones de mexicanos y latinos que han hecho de Oakland su hogar, sin renunciar a sus costumbres, celebraciones y vínculos con sus países de origen.

“Este es un proyecto de la comunidad, el proyecto de tanta gente que ha ido por generaciones a trabajar, a cruzar la frontera y a crear el verdadero sueño mexicano, no americano, de conquistar realmente algo mejor para sus familias. Y lo han logrado con trabajo”, afirmó Chris Iglesias, director general de The Unity Council.

La organización, una corporación sin fines de lucro dedicada al desarrollo y la equidad social, mantiene una estrecha relación con Fruitvale, un vecindario donde la cultura latina forma parte de la vida cotidiana y se hace visible en sus comercios, restaurantes, murales, festividades y espacios comunitarios.

La llegada de La Catrina fue anunciada durante una conferencia de prensa celebrada en Marquis Reforma Hotel & Spa, en la Ciudad de México, hasta donde viajó una comitiva de alrededor de 20 representantes de Oakland. El grupo estuvo integrado principalmente por empresarios y promotores turísticos y culturales, en su mayoría de ascendencia latina, que llegaron para presentar no solo la monumental obra, sino también una ciudad que busca estrechar su relación con el mercado mexicano.

La iniciativa está vinculada con el Festival del Día de Muertos de Oakland, organizado desde hace 31 años por The Unity Council. La celebración se ha convertido en uno de los acontecimientos turísticos y culturales más importantes de la ciudad y en una poderosa manifestación de la identidad mexicana en Estados Unidos.

Durante más de tres décadas, el festival ha llevado a las calles de Fruitvale altares, música, danza, gastronomía, arte y distintas expresiones relacionadas con una de las tradiciones más representativas de México. Ahora, sus organizadores quieren llevar esa presencia cultural a una nueva escala.

“Para seguir con el éxito pensamos: ‘¿Cómo podemos hacer esto más grande?, ¿cómo podemos asegurar que más gente venga y se sienta orgullosa de nuestra comunidad, de nuestra cultura y de nuestras raíces?’. Es por eso que estamos impulsando La Catrina”, explicó Caheri Gutiérrez, directora de Desarrollo de Fondos y Comunicaciones de The Unity Council.

La escultura fue concebida para reunir en una sola imagen distintos símbolos del arte popular y de la tradición mexicana. Lucirá un vestido negro inspirado en la indumentaria oaxaqueña del Istmo de Tehuantepec, ornamentado con nopales, colibríes y flores de distintos colores.

En su atuendo también aparecerán elementos vinculados con el Día de Muertos, como cráneos, calaveras, papel picado, pan de muerto, velas, flores de cempasúchil y fotografías de difuntos. Sobre el pecho llevará un corazón de latón, característico de la artesanía de Guanajuato, mientras que un elaborado tocado coronará su cabeza.

Cada detalle fue pensado para que la figura no represente únicamente a un estado o a una región, sino a la diversidad cultural de México y a las comunidades que han trasladado esas tradiciones al otro lado de la frontera.

“Sus manos estarán extendidas, dándole la bienvenida a todos los que vienen a Oakland. Va a ser la Catrina más alta de todo Estados Unidos”, adelantó Gutiérrez.

Detrás de sus dimensiones se encuentra también un importante trabajo artesanal y estructural. A pregunta expresa de Pasillo Turístico, el artista mexiquense Amauri Sanabria, uno de los integrantes del taller Artsumex encargado de darle forma a la pieza, explicó que su construcción combina técnicas tradicionales con materiales de mayor resistencia.

“La técnica es tradicional. Se utilizó papel maché, aunque, debido a la estructura, tuvimos que emplear algunos materiales más resistentes. En cuanto a las medidas, la base tiene 4.50 por 4.50 metros”, detalló.

El tamaño de La Catrina obligará a trasladarla por partes. Liz Vega, directora de Relaciones Públicas de Visit Oakland, informó que la escultura viajará en tráiler desde el Estado de México hasta California para comenzar su montaje el 23 de septiembre en Fruitvale District.

La intención es que quede completamente instalada para recibir al público a partir del 1 de octubre, justo cuando comienzan las actividades relacionadas con el Día de Muertos. Permanecerá en exhibición hasta el 5 de noviembre y posteriormente será desmontada para someterla a trabajos de mantenimiento, antes de volver a ocupar su sitio.

Así, la figura no será una instalación efímera ni estará limitada a una sola edición del festival. El objetivo es que regrese y se convierta en un punto de encuentro, una referencia urbana y un nuevo atractivo para quienes visiten Oakland.

Su ubicación tampoco es casual. Fruitvale District concentra una parte importante de la vida latina de la ciudad y es sede de negocios familiares, mercados, restaurantes, organizaciones comunitarias y expresiones artísticas que reflejan la historia de quienes llegaron desde México y otros países de América Latina.

En ese entorno, La Catrina funcionará como una anfitriona monumental: una figura nacida del ingenio crítico de Posada, engrandecida por el muralismo de Rivera y reinterpretada ahora por artesanos mexiquenses para representar a una comunidad que ha hecho de Oakland su hogar.

Oakland mira a México con deporte, cultura, gastronomía y vuelos directos

La presentación de La Catrina también sirvió para mostrar una cara de Oakland que va mucho más allá de su cercanía con San Francisco. La ciudad quiere posicionarse con identidad propia ante el mercado mexicano y aprovechar los vínculos culturales, familiares y aéreos que mantiene con el país.

Uno de sus principales referentes ha sido históricamente el deporte. Oakland ha sido casa de importantes equipos profesionales de futbol americano, basquetbol y beisbol, una tradición que continúa despertando el interés de los aficionados y que ha colocado a la ciudad en la mirada internacional.

Sin embargo, Visit Oakland busca que los viajeros descubran también su escena artística, la diversidad de sus barrios, sus festivales, su música y una oferta cultural profundamente marcada por las comunidades que la habitan.

“Muchos de los mexicanos van a Oakland para hacer turismo deportivo, pero también se han dado tiempo para hacer turismo cultural, porque quieren conocer cómo es la música, el arte y el baile. Eso es algo que Oakland ofrece de una manera única en la bahía”, compartió Peter Gamez, presidente y director ejecutivo de Visit Oakland.

A esta propuesta se suma una oferta gastronómica diversa y abundante, construida a partir de la mezcla de culturas que conviven en la ciudad. Restaurantes de cocina mexicana, latina, asiática, africana y estadounidense forman parte de una escena culinaria en la que también figuran establecimientos reconocidos por la Guía MICHELIN.

La gastronomía se ha convertido así en una de las cartas de presentación del destino y en una vía para recorrer sus barrios, conocer a sus comunidades y entender una identidad que no podría explicarse desde una sola tradición.

Otro elemento decisivo para su promoción en México es la conectividad. Oakland cuenta con vuelos directos desde la Ciudad de México y Guadalajara operados por Volaris, con más de 20 frecuencias entre ambos mercados.

Estas rutas no solo facilitan los viajes turísticos, sino que mantienen unidos a familiares, amigos y comunidades establecidas a ambos lados de la frontera. Para la aerolínea, Oakland conserva un valor especial por su amplia presencia latina y por la demanda constante entre California y México.

A pregunta expresa de Pasillo Turístico, Fernanda Pereda, gerente de Ventas y Desarrollo de Mercado de Volaris, confirmó que la ciudad continuará formando parte de los planes de crecimiento de la compañía.

“Oakland para nosotros sigue y seguirá siendo parte del crecimiento, precisamente por el acercamiento con la comunidad latina y gracias al trabajo que realizan. Estamos muy de la mano con Visit Oakland y con el Aeropuerto de Oakland”, aseguró.

La combinación de conectividad aérea, vínculos familiares, historia deportiva, festivales, gastronomía y cultura abre nuevas posibilidades para incrementar el flujo de visitantes mexicanos. La apuesta es presentar a Oakland como una ciudad que puede recorrerse a través de sus sabores, su arte y sus comunidades, sin permanecer a la sombra de otros destinos de California.

Dentro de esa estrategia, La Catrina tendrá una misión especial. Además de convertirse en un atractivo visual y turístico, será un recordatorio de las raíces que sobreviven a la distancia y se fortalecen cuando son compartidas.

Desde octubre, con su vestido negro, su corazón de latón y sus brazos abiertos, la monumental figura recibirá a quienes lleguen a Fruitvale. Para los turistas será una nueva postal de Oakland; para miles de mexicanos y latinos, será algo todavía más poderoso: un pedazo de su historia colocado a más de 10 metros de altura.

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