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Industria y Gobierno

Pasillos vacíos encienden alertas
Benjamín Díaz pone el dedo en la llaga de IPW: menos tráfico, menos negocio y muchas preguntas

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Fort Lauderdale recibió la edición 2026 de IPW con la promesa de reinventar la feria turística más importante de Estados Unidos. Cambió el formato, la dinámica e incluso la forma de hacer networking. Pero entre los pasillos también quedó otra sensación: menos asistentes, menos movimiento y, para muchos compradores y medios internacionales, poca claridad sobre hacia dónde realmente quería evolucionar el evento.

Desde el primer día IPW dejó atrás parte de la estructura tradicional que durante años convirtió a la feria en uno de los encuentros más sólidos para la industria turística global. Esta vez apostó por una experiencia más abierta, más flexible y con una agenda menos rígida. El problema es que no todos terminaron entendiendo el nuevo modelo.

Para Benjamín Díaz, director general de AD Nova Comunicación, uno de los grandes temas de conversación entre delegaciones y expositores fue precisamente la baja afluencia y la percepción de que el evento perdió fuerza frente a otras ediciones.

“Sí se notó menos gente. Había momentos en que los pasillos lucían vacíos y eso en un IPW llama muchísimo la atención”, comentó.

Y no era solo una percepción aislada. La reducción en la presencia de compradores internacionales, operadores y algunos medios especializados comenzó a reflejarse en la dinámica de citas, en el tráfico dentro del piso de exhibición y hasta en los eventos paralelos, que históricamente eran uno de los termómetros más claros del nivel de convocatoria.

La propia sede también jugó un papel importante

Aunque Fort Lauderdale buscó mostrar una imagen más relajada, accesible y cercana al turismo de estilo de vida, varios participantes consideraron que el destino todavía no termina de tener el peso estratégico que sí generan otras ciudades sede como Chicago, Orlando, Las Vegas o Nueva Orleans, esta última ya confirmada para 2027 y que desde ahora comenzó a robar reflectores con una presentación mucho más potente y espectacular.

A eso se sumó otro factor que comenzó a incomodar entre algunos asistentes: la falta de información clara sobre varios cambios operativos y estratégicos del evento.

“El nuevo formato todavía deja muchas dudas. Había gente preguntando cómo funcionaban algunos espacios, qué tanto realmente ayudaba el networking abierto y si esto termina beneficiando más a unos participantes que a otros”, explicó Díaz.

La percepción entre buena parte de la industria turística fue que IPW emprendió una necesaria modernización, pero sin dejar del todo claro cuál es la visión que busca construir para el futuro del evento.

Durante años, IPW fue reconocido por ser una maquinaria perfectamente estructurada para generar negocios. Citas precisas. Agenda clara. Mucho tráfico comercial. Un ritmo intenso pero efectivo. Hoy, el evento parece querer migrar hacia un modelo más experiencial y menos rígido, siguiendo la tendencia de otras grandes ferias internacionales que buscan combinar negocio, contenido y networking social.

Sin embargo, la transición todavía no termina de convencer a todos, señala Díaz. Y es que en una industria donde cada cita cuesta dinero, vuelos, hospedaje y días de operación, el tiempo muerto y la baja interacción pesan.

Muchos participantes comenzaron a preguntarse si el formato realmente está ayudando a fortalecer el negocio o si simplemente busca darle una nueva cara a un evento que necesita recuperar músculo internacional.

Paradójicamente, mientras IPW intenta evolucionar, el turismo global atraviesa uno de sus momentos más competitivos. Los destinos pelean más fuerte por el viajero internacional, las oficinas de promoción enfrentan presupuestos más limitados y las ferias necesitan justificar cada vez más su valor real para compradores y expositores.

Por eso, la conversación ya no gira únicamente alrededor de quién organiza la mejor fiesta o el mejor cóctel.

La verdadera pregunta es otra: ¿las ferias siguen generando negocio real?

IPW 2026 dejó claro que el modelo tradicional está cambiando. Pero también evidenció que cualquier transformación necesita mucho más que nuevos espacios lounge, activaciones o formatos híbridos.

Necesita contenido, estrategia, tráfico; y sobre todo, necesita industria.

Porque por ahora, entre tantos cambios, hubo quienes salieron de Fort Lauderdale con la sensación de que IPW todavía no encuentra del todo el equilibrio entre reinventarse y no perder el peso que durante décadas lo convirtió en el gran escaparate turístico de Estados Unidos.

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