Industria y Gobierno
Entrevista Miguel Aguiñiga
El Tianguis Turístico rompe inercias: menos espectáculo y más negocio
Acapulco, Guerrero.— El Tianguis Turístico de México está viviendo una de sus transformaciones más profundas en 50 años. No es un ajuste menor ni un cambio cosmético: es una redefinición del modelo que durante décadas marcó el pulso de la industria turística en el país.
Miguel Aguiñiga, titular de la Unidad de Innovación, Sustentabilidad y Profesionalización de la Sectur, lo resume sin rodeos: el Tianguis tenía que cambiar. Y ese cambio ya empezó a sentirse en el piso.
Bajo la conducción de Josefina Rodríguez Zamora, secretaria de turismo del gobierno de México, esta edición apostó por un giro estructural: pasar de un evento social a una plataforma estratégica de negocio, alineada con las tendencias internacionales y con una visión más tecnológica, incluyente y profesionalizada.
La señal más evidente estuvo en el ambiente. Donde antes predominaban las filas, las degustaciones y la vida social, hoy lo que se observa son mesas ocupadas, agendas activas y reuniones de trabajo constantes.
“Antes veías filas para comer, pero mesas vacías. Hoy la gente está sentada en citas, trabajando”, explicó Aguiñiga.
Para lograrlo, la organización tomó decisiones que no pasaron desapercibidas: limitar actividades paralelas durante el horario de negocio, mover eventos sociales después de las cinco de la tarde y establecer reglas claras en los stands para privilegiar espacios de negociación sobre exhibiciones.
Incluso, se exigió un número mínimo de mesas de trabajo por metro cuadrado, obligando a estados y empresas a replantear su presencia: menos escaparate, más operación comercial.
Este rediseño también explica la percepción de un Tianguis “más tranquilo” o “con menos gente”, una lectura que Aguiñiga matiza: no se trata de menor participación, sino de mayor enfoque.
“El cambio reduce participantes pero lo vuelve más efectivo, lo aplaudo”, señaló, dejando claro que la prioridad es la calidad del encuentro, no el volumen.
La transformación no se queda en lo operativo. La digitalización se convierte en uno de los pilares más visibles de esta nueva etapa. Por primera vez, los asistentes pudieron utilizar gafetes con código QR, gestionar accesos de forma ágil y acceder a una dinámica inédita: la venta directa al público en línea, con ofertas reales generadas durante el propio Tianguis.
Hoteles, vuelos y paquetes turísticos se comercializaron en tiempo real, abriendo una ventana distinta que rompe con la lógica tradicional del evento exclusivamente B2B.
El siguiente paso ya está en la ruta: evolucionar hacia una plataforma integral donde la gestión de citas, contactos y agendas se realice completamente desde dispositivos móviles. Puebla, próxima sede del Tianguis, será clave para consolidar esta transición tecnológica.
En paralelo, la sustentabilidad y la inclusión dejan de ser discurso para convertirse en acciones concretas. Esta edición incorporó, por primera vez, un espacio dedicado al turismo comunitario, con operadores que no solo fueron invitados, sino preparados previamente para competir en el mercado internacional.
Se organizaron encuentros tipo “speed dating” entre estos prestadores y compradores nacionales e internacionales, generando oportunidades reales de negocio para segmentos históricamente fuera del radar del Tianguis.
A esto se suma la promoción de destinos más incluyentes, desde playas accesibles hasta experiencias diseñadas para distintos perfiles de viajeros, con la intención de que los estados repliquen estos modelos en sus territorios.
La internacionalización es otro de los ejes que marcan esta edición. La presencia de países invitados y compradores de mercados poco tradicionales —como India, China, Irán, Azerbaiyán o incluso Uganda— responde a una estrategia clara: diversificar mercados y reducir la dependencia histórica de Estados Unidos y Canadá.
“Tenemos que expandirnos. No podemos depender solo de dos mercados”, subrayó Aguiñiga.
Pero quizá el concepto más revelador de esta nueva etapa es el que ya comienza a perfilar el futuro del evento: “Tianguis Ready”.
La idea es que estados, destinos y empresas lleguen con objetivos definidos, productos estructurados y citas alineadas desde antes de pisar el recinto. No más improvisación. No más presencia sin estrategia.
Se trata de transformar la lógica del Tianguis en un espacio de negociación efectiva, donde cada reunión tenga propósito y resultados medibles.
Este cambio, reconoce el propio funcionario, no es cómodo para todos. La industria está en un punto de transición generacional, donde conviven quienes crecieron con el modelo tradicional del Tianguis y nuevas generaciones con otras expectativas.
Incluso, fenómenos globales como el cambio en los hábitos de consumo -menos énfasis en el alcohol, más interés en el bienestar- comienzan a influir en la forma en que se conciben estos eventos.
Por ello, Aguiñiga es claro: el Tianguis no puede seguir midiéndose por la fiesta o el espectáculo.
“No podemos basar el éxito en si hubo o no hubo la mejor fiesta. Se trata del trabajo que se genera”, afirmó.
El mensaje hacia el sector es directo: el cambio está en marcha, fue pensado y no es improvisado. Habrá ajustes, retroalimentación y áreas de mejora, pero la ruta está trazada.
La invitación es a sumarse.
Porque en esta nueva etapa, el Tianguis Turístico deja de ser solo un punto de encuentro para convertirse en una plataforma que busca algo más ambicioso: redefinir cómo se hace negocio turístico en México.
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