Industria y Gobierno
“Un boicot turístico es un robo”: Nick Adams reclama separar los viajes de la política
La Valeta, Malta.— Los desacuerdos comerciales entre gobiernos no deben cobrarse a los trabajadores del turismo. Con ese argumento, Nick Adams lanzó un reclamo ante ministros y líderes empresariales en la 26ª Cumbre Mundial del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC): boicotear los viajes a un país equivale a quitar ingresos a quienes viven de recibir visitantes.
“Un boicot representa un robo”, afirmó. “Están robando las propinas de un mesero”, añadió, antes de señalar que esa decisión también afecta al taxista que trabaja un segundo turno y a los bares, espacios musicales y tiendas de recuerdos cuyo sustento depende de la actividad turística.
Su intervención tuvo una fuerte carga política, aunque su exigencia fue precisamente sacar al turismo de las disputas entre gobiernos.
“Permítanme recordarles otra vez: el turismo es diplomacia con rostro humano”, expresó ante representantes de una industria a la que pidió privilegiar los negocios y la competencia sobre las represalias.
El reclamo contra los boicots
Adams manifestó una “profunda decepción” por los gobiernos que, según dijo, utilizan al sector para “jugar al fútbol político”. Reconoció que las grandes economías enfrentan negociaciones difíciles, pero cuestionó que esas diferencias se trasladen a la decisión de visitar un destino.
Consideró destructivo borrar la separación entre las negociaciones comerciales y el turismo, y rechazó que un boicot sea una respuesta aceptable a conflictos en otros sectores de la economía.
Sin identificar gobiernos ni campañas específicas, sostuvo que esa presión no cambia el rumbo de las negociaciones y sí perjudica a quienes atienden al viajero.
“Estas personas no son sus rivales geopolíticos. Son sus socios comerciales, sus aliados”, señaló.
También defendió al presidente Donald Trump: aseguró que nunca ha llamado a un boicot turístico ni respaldado alguno, y pidió a los demás gobiernos actuar bajo ese mismo criterio.
Para ilustrar su postura, recordó que visitó el Reino Unido durante las administraciones de siete primeros ministros y que sus posiciones políticas nunca determinaron la compra de su vuelo. A su juicio, la experiencia en calles, hoteles, restaurantes y atractivos debe pesar más en las decisiones del turista que las conversaciones a puerta cerrada en las capitales.
Una industria de 2.63 billones de dólares
La defensa de Adams tuvo como respaldo el tamaño del sector estadounidense. De acuerdo con las cifras que presentó, los viajes y el turismo aportaron el año pasado 2.63 billones de dólares al producto interno bruto y sostienen más de 20.4 millones de empleos.
Afirmó que Estados Unidos tiene la industria turística más rentable del mundo y planteó que su objetivo es ampliar esos resultados, con beneficios tanto para los trabajadores estadounidenses como para las empresas internacionales que comercializan el destino.
Su mensaje combinó ese peso económico con una defensa de la hospitalidad. Identificó a la población estadounidense como el mayor activo del país y destacó que los encuentros cotidianos con los residentes pueden dejar una huella tan profunda como las grandes atracciones.
Anunció, además, conversaciones con una empresa especializada en capacitación hotelera para mejorar la bienvenida al visitante, aunque no detalló el nombre de la compañía ni el alcance de la iniciativa.
Competir con inversión
Adams colocó al turismo deportivo entre las principales oportunidades de crecimiento. Destacó los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Los Ángeles 2028 y la Copa Mundial de Rugby de 2031, junto con la agenda de grandes competencias estadounidenses.
Advirtió que ocupar una posición de liderazgo no permite dar por asegurado el futuro: cada año exige nuevas inversiones y una oferta más atractiva.
En ese sentido, defendió la competencia entre países en infraestructura, alojamiento y tecnología. Sostuvo que el crecimiento de un destino debe estimular a los demás a mejorar su producto, y cuestionó las estrategias que buscan debilitar a un rival mediante la pérdida de visitantes.
El mensaje más contundente quedó dirigido a quienes promueven boicots: dejar las disputas políticas fuera de las decisiones de viaje. Para Adams, el costo de esa confrontación llega directamente a las mesas, los turnos y los ingresos de millones de trabajadores.
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