Opinión
Colaboración especial
Cuando el peso pierde terreno, el viajero mexicano lo resiente
A lo largo de décadas de trabajo he sido testigo de cómo el comportamiento del peso frente a las principales monedas influye directamente en las decisiones de los viajeros mexicanos.
Cuando nuestra moneda pierde valor frente al dólar, viajar al extranjero exige un mayor esfuerzo económico. El pasajero piensa más antes de reservar, aunque el precio del paquete en dólares siga siendo el mismo.
Un viaje cotizado en esa moneda puede representar miles de pesos adicionales para una familia que ha ahorrado durante meses para cumplir el sueño de conocer otro país. Ahí comienza uno de los grandes retos para nuestra industria.
El pasajero no necesariamente renuncia a viajar, pero sí empieza a revisar cada gasto. Busca estancias más cortas, hoteles más económicos, promociones y destinos donde su presupuesto rinda mejor. En ocasiones, también pospone la salida hasta encontrar una temporada con precios más accesibles.
Desde mi perspectiva, este escenario nos obliga a las agencias de viajes a asesorar mejor y a demostrar, con atención y servicio, el valor de nuestra profesión.
No basta con vender un destino. Tenemos que orientar al pasajero, comparar alternativas y encontrar opciones que respondan a sus posibilidades.
La asesoría profesional cobra especial relevancia cuando las condiciones económicas son menos favorables. El viajero necesita conocer el costo real de toda la experiencia: avión, hospedaje, alimentos, traslados, excursiones, equipaje y tipo de cambio forman parte de una misma cuenta.
Por eso considero que debemos ser más transparentes y cuidadosos al presentar nuestras propuestas. El pasajero debe entender qué está comprando, qué servicios están incluidos y cuáles tendrá que pagar por separado. Solo así podrá decidir con información suficiente y organizar su presupuesto.
Muchas personas viajan con recursos ajustados después de un largo periodo de ahorro. Hemos visto casos de pasajeros que, al llegar al destino, se quedan sin realizar excursiones opcionales porque no contemplaron ese gasto o porque nadie les explicó con claridad cuánto dinero adicional necesitarían.
Cuando desde el principio se detallan las exclusiones del programa y el costo de las actividades adicionales, el viajero puede decidir cuáles le interesan y prepararse para pagarlas.
Nuestro sector debe aprender a vender mejor, seleccionar con mayor cuidado los programas y, sobre todo, asesorar con responsabilidad. Ofrecer un itinerario con varios días libres puede reducir el precio inicial, pero también implica gastos que el pasajero necesita conocer antes de contratar.
Si para disfrutar los principales atractivos del destino tendrá que pagar excursiones adicionales, debemos explicárselo. Una propuesta puede parecer económica al momento de la venta y terminar rebasando su presupuesto durante el viaje.
La depreciación del peso es un factor que no podemos controlar desde una agencia. Lo que sí está en nuestras manos es la manera de responder: con información clara, alternativas viables y acompañamiento profesional.
El pasajero seguirá teniendo el deseo de conocer el mundo, pero será más cuidadoso al elegir y al gastar. Nuestro compromiso como profesionales del turismo es ayudarlo a encontrar la mejor manera de hacerlo, de acuerdo con su tiempo y presupuesto.
Con mis saludos. Su amigo de siempre.
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